Friday, April 01, 2005

!AY VECINO!

Fama de bulliciosos siempre nos la endilgan. Equivocados no están los que nos definen con esta característica. Es parte de nuestra idiosincrasia. Hablamos alto, gritamos para llamarnos. No les digo que Bebo siempre vocifera mi nombre, y por demás mi grito de VOY... ¿tu piensas que tengo un helicóptero para llegar a la puerta? Retumba en la cuadra.
Pero no es de Bebo, que hoy andaba rápido, de quien les cuento. Tampoco de nuestro hablar alto. Es sobre la música. A mi me gusta cantidad, pero lo mejor es que he logrado en estos tiempos difíciles, ahorrar electricidad para escucharla.
Por doquier que me vire oigo radios, grabadoras, reproductores de CD y hasta televisores con música a todo volumen. Son mis vecinos.
Si me quedo en la sala escucho la que disfruta la de al lado. Sus preferencias los Back Street Boys. Pero si voy a la cocina, es más romántico. El del fondo es gay, y tiene días para las baladas, lo suave. Esa es buena para preparar el almuerzo y desbordar la creatividad culinaria. Eso sí cuando el folklore lo domina un toque de santo es el sonido que penetra por la ventana. Interesante, pero los tambores resuenan sin piedad.
En el patio tengo lo último, la nieta de mi amiga Cary tiene los diez primeros números del hit parade. Que van desde el regueton, pasando por las novedades de las orquestas populares, el hip hop y no se cuál más.
No me queda un rincón del hogar, porque si busco en su cuarto a mi nieta mayor Meli B. me encuentro con Andy y Lucas seguido por Melody con “El baile del Gorila”.
Nada que el cubano, sin dudas, es muy musical. Y se arman cada discusiones por el tema, al igual que con la pelota, nuestro deporte nacional, aquí todo el mundo opina.
Con el reguetón la bronca comenzó el otro día porque un crítico musical publicó en un periódico nacional lo desafortunado de esa nueva modalidad, que si era morboso y parece que si por él fuera lo proscribiría. Ahí mismo se “armó la gorda” (discusión). Le escribieron de todas partes del país, diciéndole que las letras del reguetón puede que no fueran las mejores pero que había otros géneros que tenían malas y vulgares escrituras y no los criticaba en sus artículos periodísticos. Parece que el debate se centra más en las letras que en la forma de bailarlo, a fin de cuentas no se diferencia mucho de otros ritmos, la sensualidad entró en el baile popular en el mundo y ya no hay quien lo cambie.
Nada que así somos apasionados para defender nuestros criterios, gritones para hablar y musicales, aunque podríamos bajar un poquito la radio. ¿Verdad?
Otro día sigo con mis historias. Chaooo.

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